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HOSPITAL COLONIAL DE MUJERES
El funcionamiento inicial fue posible con el aporte económico de la hermandad fundadora, así como también con el aporte del vecindario cajamarquino, mediante colectas públicas que se realizaron periódicamente. En 1602, doña Jornada Mejía, esposa del primer encomendero de Cajamarca, Melchor Verdugo, donó la hacienda de Porcón y su obraje al Hospital Nuestra Señora de la Piedad, para el sostenimiento de los servicios asistenciales. Antes de 1630, el hospital funcionaba con dos salas y una de enfermería. Durante las dos primeras décadas del siglo XVII, la administración estuvo a cargo de la Orden Franciscana de Cajamarca.  En 1631, los franciscanos hicieron entrega del hospital al Corregidor de Cajamarca, don Francisco Gutiérrez de Guevara. En 1674, se adquiere un terreno ubicado en la parte superior del hospital de hombres con el propósito de construir el hospital de mujeres de la villa.
El 06 de enero de 1677, Fray Rodrigo de la Cruz y cinco frailes de la Orden religiosa de Belén, asumen la administración del Hospital de Nuestra Señora de la Piedad de la Villa San Antonio de Cajamarca.
HOSPITAL DE MUJERES: El Hospital de mujeres, destinado inicialmente a enfermos desahuciados y conocido como «el con sumidero», se empezó a construir el l7 de octubre de 1764 y concluyó en 1767, siendo prefecto de la orden Betlehemita el padre Juan de Belén. La construcción de la fachada de este edificio duro cuatro años, de 1763 a 1767, sin embargo, la espadaña que se levanta sobre ella es un agregado de mediados de 1800.
Las cariátides posiblemente simbolizan la fecundidad femenina ya que en el nicho de la espadaña que corona el conjunto podemos ver una escultura de la maternidad.
En el interior, un pequeño patio empedrado con lajas de piedra azul y cantos rodados, a la antigua manera cajamarquina, permite la entrada al hospital de mujeres, que es una vasta sala cubierta con bóveda de cañón, con arcos fajones y la cornisa principal incólume, habiendo sido cortada la segunda. Igualmente, han sido destruidos los relieves que pintados además ornamentaban las jambas de las covachas, sobre algunas de las que aún quedan vestigios de pinturas al templo, entre las que podemos reconocer a las santas: Bárbara, Gertrudis y Apolonia.
Indudablemente que, de haberse conservado la ornamentación arquitectónica y pictórica en esta Enfermería, así como en la de varones, tendríamos ahora una muestra verdaderamente extraordinaria de arquitectura barroca hospitalaria.
Paralela a esa sala, al costado izquierdo, se alinean otros ambientes que merecen nuestra atención: la cocina bastante modificada y un pequeño claustro muy bello, con arcos rebajados, desde donde podemos entrar a la «Capilla Vieja»; ésta es una nave que se incrusta en las faldas de la colina de Santa Apolonia, cuya roca viva podemos ver al fondo formando un «nacimiento» o «Belén» natural, en lugar de Altar Mayor.
Los tres espacios libres que se distribuyen el fondo de estas edificaciones, constituyeron los antiguos cementerios de este hospital.
Hoy por hoy, se encuentra el museo Arqueológico y el museo Etnográfico del Ministerio de Cultura.
HOSPITAL DE HOMBRES. - Construido en el Siglo XVIII. Esta sala tiene una hermosa portada formada por bloques cuadrados, recortados en diamante; al centro, una ventana oblonga, luego, una cornisa curva y en lo alto una cruz en espiral.
Al ingresar, encontramos un amplio recinto cubierto por bóveda de cañón, sostenida por arcos fajones que descansan sobre pilastras adosadas a los muros. Su plano forma una cruz latina cuyo crucero corona una bóveda con linterna. La luz penetra por altas ventanas laterales que se abren bajo lunetas.
De inmediato llama la atención las dos hileras de «covachas» que son pequeños habitáculos practicados en los espesos muros laterales para albergar a los enfermos cuyas tarimas iban sobre los muretes que vemos allí adentro. Un pequeño nicho nos indica la posición de la cabecera, dispuesta de tal manera que el enfermo pudiese ver al sacerdote celebrando misa en el altar del fondo. Este labrado y pintado en la superficie del muro de cabecera de la cruz latina, tiene dos nichos, en el mayor de los cuales se encuentra una imagen de Nuestra Señora de la Piedad.
Los arcos del crucero forman pechinas, en los cuales vemos cuatro ángeles, cada uno con cuatro alas, dos de ellas plegadas hacia adelante en actitud de espera para recoger el espíritu escapado con el último aliento de los moribundos quienes, a medida que se agravaban, iban siendo ubicados en las covachas de los brazos de la cruz.
En una de ellas, de mayores dimensiones que las demás, se pueden ver ranuras para los tableros sobre los que se depositaban remedios e instrumentos para la atención inmediata. En la enfermería hacia la derecha, están los ambientes dedicados a la cocina, panadería y despensa.
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