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IGLESIA SAN FRANCISCO
La Orden religiosa de San Francisco se estableció en Cajamarca desde la década de 1540, encargándose de la evangelización y adoctrinamiento en la fe cristiana de los indígenas de Cajamarca. Es la más antigua de esta ciudad como parroquia de indios, sobre los cimientos de lo que fue el templo del Sol. Dice Tarsicio Morí, que el primer templo de San Francisco fue construido sobre las ruinas del templo del Sol, basándose en versiones del Cronista Jerez, que habla de mezquitas sagrada. No se conoce con exactitud la fecha en que se inició su construcción; pero sí se sabe que fue terminada en 1579, era de «piedra menuda de cantería y ladrillo, muy larga y angosta con techo de madera y ladrillo». Refiriéndose a ella un documento del siglo XVI, dice: «Hay en este pueblo de Cajamarca una de las mejores Iglesias y en pueblo de indios ninguna como ella». Añadiendo: «y con ser bien grande y capaz la iglesia, no cabe la gente en ella por ser infinita la que hay». Según el citado documento, la iglesia fue costeada por Sebastián Ninalingón y existió desde 1562, siendo útil hasta 1687, año en que Fray Francisco del Risco la hizo demoler porque «amenazaba ruina».
El actual templo se empezó a construir en 1699, bajo la advocación de San Antonio de Padua. Aproximadamente duró 80 años la edificación de este templo, con las piedras labradas que había en el Palacio de Don Antonio Astopilco, empleándose para ello las piedras labradas que existían en el llamado Solar del Inca o Casa de la Sierpe. Las demás fueron extraídas del cerro Santa Apolonia.
El autor e iniciador de la obra fue el alarife mestizo, Matías Pérez Palomino, dedicándose durante veintitrés años en forma exclusiva a la edificación del conjunto arquitectónico religioso, hasta los últimos años de su vida.  Decidió hacer una Iglesia que imitase a la de San Francisco de Lima y dando las siguientes dimensiones: Capilla Mayor: 15 m. por 10 m. de ancho; Nave Principal desde las gradas del presbiterio, hasta la entrada: 52.5 m.; ancho del crucero; 30 m; ancho de la nave principal: 10 m.; de las naves laterales: 4.17 m. El material fue proporcionado, durante varios años, por el vecino de Cajamarca Don Antonio Astopilco, quien donó la cantería necesaria para la edificación de esta Iglesia; de esta manera, dicho vecino adquirió para él y sus descendientes, el derecho de su fallecimiento, ser sepultado en las Criptas de este templo.
En 1722, fallece el arquitecto Matías Pérez Palomino dejando inconclusa la edificación del conjunto arquitectónico, continuándolo posteriormente los arquitectos José Manuel Cristóbal de Vera y Francisco Tapia. En cuanto a las torres, quedaron inconclusas y recién en 1939, se comenzaron a construir, siendo terminadas en abril de 1958, por el Sr. Miguel Barboza.
Su fachada no deja de ser imponente. Presenta profusos adornos como los consabidos racimos de uvas, entre los que asoman angelitos o niños desnudos y muros completamente almohadillados, con nueve imágenes de piedra en las intercolumnas y dos ángeles con trompetas que sostienen la Tiara Papal. Su estilo es barroco con ciertas reminiscencias platerescas.
Para apreciarlo mejor, lo dividimos en tres cuerpos: la base de las torres a los costados y el frontispicio en la parte central, que consta de tres cuerpos:
 En el primero cuerpo, dos pares de columnas salomónicas, a uno y otro lado de la puerta, hacen marco a cuatro hornacinas que con esculturas de santos fundadores de importantes órdenes religiosas: de arriba abajo, a la izquierda San Pascual Bailón y San Juan Capristano; la derecha en el mismo sentido San Bernardino y San Luis Obispo; y en la parte central, dos ángeles sosteniendo la Tiara Papal.
En el segundo cuerpo, hay la misma disposición de las columnas salomónicas, pero tan sólo dos hornacinas con las estatuas de San Pedro Nolasco a la izquierda y Santa Clara de Asís, al otro lado; y al centro un vitral de la época de la República representando a San Antonio.
En el tercer cuerpo, hay la misma disposición de las columnas  salomónicas, pero tan sólo una hornacina con las estatuas de San Antonio a la izquierda y San Francisco de Asís a la derecha; al centro, la imagen de la Virgen Inmaculada, muy venerada por la congregación de los franciscanos, y en la parte superior de esta estatua, un escudo de los brazos cruzados, que es el símbolo de dicha congregación Franciscana; en la parte central y superior está Cristo Todo Poderoso y los cuatro evangelistas, dos a cada costado.
El interior sigue el estilo del Renacimiento español, por afectar la forma de cruz latina. Tiene características catedralicias, ya que consta de tres portadas fronterizas, que sirven de acceso a cada una de las naves. La nave central, colocada a mayor altura que las laterales, es de cañón con lunetos, encontrándose a lo largo de la misma, modillones donde se hallan las ventanas que dan luz al interior del templo. Las naves laterales exhiben imágenes importantes como las de San Quirino, San Antonio de Padua y la Virgen del Rosario. Entre los altares descuellan los del lado del crucero que son originales, dorados con pan de oro y estilo barroco. El que mira a la nave de la Epístola (derecha), muy cerca de la puerta de la Capilla de la Virgen de los Dolores, ostenta pinturas del siglo XVII. Pueden admirarse, así mismo, cuadros de estilo cuzqueño que representan pasajes de la vida de la Virgen y que penden de las columnas del templo.
LAS REJAS DE SAN FRANCISCO: Castro Mendívil seguía frecuentando a sus amigos en Cajamarca, procurando estar al corriente de toda eventualidad que se presentase, siempre dispuesto a prestar ayuda. Un día, un grupo de mujeres cajamarquinas, cansadas de ver cómo pisoteaban y malograban el jardín del convento San Francisco, decidieron hacer una rifa para comprar rejas para proteger el preciado vegetal y se dedicaron a vender los boletos por toda la ciudad. Como nadie compró, la joven Teresa Guerra García se llenó de valor ingresó al Club Cajamarca, se sentó en el bar y pidió lo único que conocía de nombre: «Un gin tónic». Eso causó gran revuelo en el local, ya que por esa época sólo entraban mujeres acompañadas por el padre o esposo, pero ella había llegado sola. Los personajes del lugar, sorprendidos, porque además era hija de uno de los socios más importantes, le increparon su conducta y le preguntaron el porqué de su insólita visita. Ella respondió, pero nadie tomó en serio el asunto ni compró un solo boleto. Cuando llegó Alejandro Castro Mendívil al local se sorprendió, e igual que los demás, indagó por su presencia. Teresa respondió: «Somos un grupo de señoras que pretenden comprar las rejas para el jardín del convento de San Francisco. Lo que pasa es que ninguna se atrevió a venir conmigo, pero si no reúno el dinero, ese jardín se va a perder». Don Alejandro le preguntó cuánto costaba la reja, y ella respondió que cinco mil soles. Acto seguido le entregó un cheque por la cantidad exacta, le pidió los boletos de la rifa y la envió a su casa en el acto.
Esta anécdota fue contada por la misma Sra. Teresa, quien decía que las rejas del convento pertenecen a Don Alejandro.
En 1975, uno de los claustros del convento franciscano fue acondicionado como museo de arte religioso, pinacoteca, Criptas y pudiéndose visitar de lunes, a sábado.
SANTUARIO DE LA PATRONA DE CAJAMARCA  «VIRGEN DE LOS DOLORES»
Adosada a una parte de la nave de la Epístola de la iglesia de San Francisco, se halla la Capilla de la Virgen de los Dolores o de Nuestra Señora de la Soledad, como primitivamente se la denominó. Su construcción data de 1722, año en que Fray Juan de la Caba y Zelada dio inicio a su fábrica, la que fue dirigida por Matías Pérez Palomino.
Al decir de los entendidos, es uno de los monumentos de mayor belleza e interés que existe en la ciudad. Aprovechando la docilidad de la piedra, se han esculpido en los lados del Altar Mayor: «La Cena» y el «Lavado de los Pies». En lo alto de las ventanas y con la misma técnica, hay escenas del Nacimiento, la Adoración de los Reyes, la Huida a Egipto, Jesús entre los Doctores, la Flagelación, el Ecce-Homo y la Oración del Huerto; en los costados del arco que sostiene el coro, la Anunciación, con la Virgen a un lado, arrodillada, y al otro, el Arcángel San Gabriel.
Resalta dentro de todo este conjunto, la imagen de la Virgen de los Dolores, Patrona de la ciudad de Cajamarca, proclamada en 1942, con motivo del Congreso Eucarístico. Su altar original fue construido en el siglo XVIII y costeado por el Corregidor de Cajamarca, General Álvaro Gaspar Enríquez. El actual es de estilo gótico y facturado, posiblemente, a mediados de 1800.
Al lado izquierdo, y en la parte superior de la pared, existen tres cuadros del siglo XVII, de autores anónimos, que representan los milagros de la Virgen Dolorosa.
La iglesia y convento de San Francisco fueron declarados monumentos históricos por RS. 2900-72-ED, del 28 de diciembre de 1972, con la denominación: «Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores».  Y ahora, Santuario de la Patrona de Cajamarca.
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