COLPA - LLACANORA - BAÑOS DEL INCA

 

COLPA - LLACANORA - BAÑOS DEL INCA (HALF DAY) SERVICIO REGULAR

 INICIO

 3:30 pm

TÉRMINO

07: 00 pm 

DETALLE

Visitamos la Laguna Artificial, Capilla, Tradicional llamado de las vacas por su nombre, Degustación y Venta de productos lácteos, caminata hacia las caídas de agua de Llacanora, Baños del Inca: Pozo del Inca, Los perolitos.

INCLUYE

Movilidad , entradas, y Guía.

NO INCLUYE

Baño termal

SUGERENCIAS

Llevar: zapatillas y bloqueador

Tener presente que de diciembre a marzo es temporada de lluvia, por lo que se recomienda llevar ropa impermeable o paraguas.

RESTRICCIONES

Ninguna, se puede realizar todos los días por las tardes.

 

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LA  COLPA

Dista a 11 km al sur este de Cajamarca, es un agradable lugar de la campiña, por la carretera que conduce al distrito de Jesús, frente a Llacanora, por la belleza y comodidad constituye un timbre de honor para Cajamarca.

Víctor Castro Iglesias, primer propietario de La Colpa,nació en  1860, corría el año de 1879, cuando tenía 19 años de edad se desempeñaba como secretario del Ministerio de Defensa, que por  aquella época tomaba el nombre de Secretario de Guerra, la guerra con Chile se hallaba en pleno desarrollo y el ejército enemigo avanzaba hacia Lima. Después de la toma de Chorrillos, cuando los peruanos preparaban sus defensas en el Reducto de Miraflores, el Gral. Iglesias, su secretario y sobrino carnal Víctor Castro Iglesias, el Coronel Billisngurst y otros personajes, decidieron salir a controlar los puestos de defensa, y se internaron hasta Barranco donde fueron capturados por una patrulla chilena, dispuestos a fusilarlos. Los prepararon y cuando el pelotón estaba esperando la orden de disparar llegó un alto miembro del ejército chileno que reconoció al Gral. Iglesias y detuvo la orden de fusilamiento, poniendo como condición que renunciara a su cargo y saliera inmediatamente de Lima hacia sus tierras de Cajamarca.

La versión popular cuenta sobre esta anécdota una historia diferente: Dice que el Coronel Billingurst dio a los captores en regalo el reloj de oro que llevaba puesto, salvándose la vida. Lo importante de este relato, al que se llama “el  minuto feliz”, es que si el militar chileno hubiese demorado un minuto más o el coronel Billingurst se hubiera tardado ese tiempo en “donar” su reloj, el fusilamiento se habría llevado a cabo. Y con la muerte de Víctor Castro Iglesias esta rama de familia no existiría.

   Abogado de profesión, heredero de una muy buena extensión de tierras, fue ante todo un hombre político y se dedicó más a su pasión que al cuidado de sus posesiones. En  1890, se casó con doña Elvira Mendívil Prunier. En  1899, llegó a ser Alcalde Provincial de Cajamarca y más adelante, Presidente de la Junta Departamental  Administrativa de la ciudad, por cinco años. En  1913, fue nombrado Ministro de Estado en el Despacho de Fomento, Obras Públicas y Educación  durante el gobierno del presidente Guillermo Billingurst. Fue Senador y Diputado; en fin, consagró todas sus energías en el asunto público, desatendiendo por completo sus funciones como terrateniente.

A  principios de  1915, ya en su lecho de muerte, inmanejable, la angustia hacía más dolorosa su agonía, con sólo 55 años, la muerte lo sorprende la mañana del 7 de marzo de ese mismo año. Asumiendo la responsabilidad su hijo Alejandro Castro Mendívil, tercero de 8 hijos, con sólo 23 años de edad, se vio obligado a renunciar a su carrera de ingeniero agrónomo para dedicarse a cumplir sus obligaciones como nuevo cabeza de familia. Don Alejandro Castro Mendivil, distinguido ganadero y agricultor cajamarquino indisolublemente vinculado a una de las empresas rurales más exitosas del siglo XX y constatar como la férrea voluntad del hombre puede superar los altibajos de la fortuna y crear una riqueza de la cual se beneficia la sociedad en su conjunto. Y esta aventura es aún más encomiable, si cabe, cuando se abre camino en que el Perú venía de recuperarse con esfuerzo de las graves heridas dejadas por la guerra del Pacífico, en la que les cupo a sus ancestros tanto exigentes como sacrificados deberes.

  Ante la difícil situación, decidió vender las tierras para salvar las deudas, vendió todo lo que les restaba de patrimonio, por lo que quedaron desamparados en el mundo pero sin deudas a cuestas lo que le alivió bastante el calvario.

       De las haciendas que habían recibido por herencia, Succhubamba, Huacraruco, Pacachal y Granero, en total 73 300 hectáreas, no les quedó más que el recuerdo. Estas tierras fueron vendidas a los hermanos Gildemeister, quienes completaron, con esas propiedades, lo que llegaría a ser la hacienda Casa Grande.

Como quedaron dos propiedades que no pudieron vender por pequeñas e inservibles, La Colpa  y La Victoria, tomó en arriendo las partes de estas propiedades pertenecientes a su madre y hermanos para trabajar.

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