Programas turísticos vigentes del 09 de febrero al 13 de febrero del 2018.

 

 

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CARNAVAL CAJAMARQUINO

Historia

El carnaval, tiene una magnitud muy especial dentro las fiestas populares a nuestra patria, fue traído por los españoles; quienes a su vez la habían recibido como fiesta derivada de las celebraciones romanas y en toda Europa durante la edad media tenía una significación particular y mundana, antes de los severos días de la Semana Santa. En nuestro país, prosiguió con sus juegos, diversiones, disfraces, bailes etc. y se realizaba en todo el territorio nacional; mas ahora en realidad ha quedado circunscrito en algunas ciudades entre ellas Cajamarca, donde  ha alcanzado una organización específica realizándose con disfraces muy típicos, que con toda justicia convierten a esta ciudad en la “Capital del Carnaval Peruano”. 

El carnaval como manifestación cultural tiene sus más recónditos orígenes en los pueblos primitivos de la antigüedad, fue una conjunción de festividades y ritos en honor a la tierra, los animales y plantas. Etimológicamente carnaval deriva de las palabras italianas “carne vale” que significa “carne adiós”, “carnes levandas”, “carnelevamen”, “carnavale”, “carnestolendas” o “carnaval”; son denominaciones, según el lugar, que indican la “excesiva licencia sensual” permitida en los días de carnaval , los cuales están comprendidos tradicionalmente en los tres días que anteceden al Miércoles de Ceniza.

El carnaval, es entonces una serie de bulliciosos regocijos y fiestas populares que se celebran, desde el pleno apogeo del cristianismo en Europa.

Una de las divinidades íntimamente ligadas al carnaval es Dionisios o Baco, en algunos pueblos usaban el sobrenombre de Agrionio (cuando estaba representado con animales salvajes).

En representaciones artísticas como iconográficas y esculturales, entre otras, Baco aparece como uno de los dioses más atractivos, pero por su belleza física reflejada en una contextura varonil perfecta, de cabellos rubios, largos y rizados, ojos negros penetrantes, de vestimenta amarilla o púrpura, coronado de pámpanos, parra, con racimos de uvas en una mano y  una antorcha, una hacha doble, un cuerno de la abundancia o un vaso en la otra, características que simbolizan a una divinidad de “eterna juventud”, báquico.

Las procesiones, desfiles y rituales en honor al dios Baco se caracterizaban por el desorden civil, el desenfreno moral en orgías llamadas “Dionisiacas” “Agrionías”,  “Aircenas”, “Brumales”, en las que se portaban grandes depósitos de vino y falos (símbolo báquico).

Acompañaban a esta caravana popular las “Bacantes”, que eran doncellas, vestidas con menudas pieles de tigre o pantera y con el cabello desordenado; que recién se iniciaban en el culto al dios Baco y portaban canastillas con fruta y culebras atadas, las seguían hombres disfrazados de sátiros, los adolescentes que participaban de la fiesta eran conocidos como “los iniciados”. Es necesario precisar que estos rituales, estaban orientados sobre todo para las personas en plena pubertad y jóvenes en general.

En Grecia y en Roma, durante los días de estas fiestas, se concedía a los esclavos la libertad de palabra, de acción y de diversión, llegando, a confundirse hombres libres y esclavos, tomando del mismo vino. Estas costumbres ingenuas y simbólicas, que significaban psicológicamente la esperanza en el nuevo ciclo anual dejando atrás todo lo viejo y sus problemas, terminaron por degenerar en una verdadero carnaval, donde el cambio de la indumentaria y la licencia de la que gozaba la población, suprimía las barreras sociales durante estos días y las convertía en un desenfreno de las masas y de la clase dominante. Con esta herencia tradicional hasta ahora en el carnaval se mezclan los diferentes sectores sociales y las diferentes edades.

Después del medioevo y hasta nuestros días el dios del carnaval es Momo, asumido por todos los pueblos que celebran esta fiesta.

Momo, según la mitología griega, es el dios burlesco y satírico, dios de la censura, hijo del sueño y la noche, se lo representa con una máscara y con un bastón o cetro que tienen la forma de un muñeco que es símbolo de la locura.

La música carnavalesca de Cajamarca tiene como sustento a la “Cashua”, un ritmo monótono auténticamente propio que es herencia de nuestros ancestros; es una tonada musical pentafónica repetida y acelerada en la fuga al finalizar alguna pieza musical o verso. Esta contagiosa música, oriundamente ejecutada con instrumentos típicos como la caja, flauta y el clarín, después en los tiempos del virreinato fue introduciéndose la guitarra, la mandolina y el violín, posteriormente el rondín, el acordeón y la concertina, ahora el saxo, la trompeta, el órgano electrónico y otros instrumentos que le dan más atractivo, convirtiéndose el carnaval cajamarquino en una “música estilizada” que gusta a propios y extraños; además, la música y el verso van juntos en los carnavales, siendo la copla española adecuada a nuestra realidad, la que predomina fusionada con elementos folklóricos  y composición gramatical quechua, sobre los yaravíes andinos tradicionales.

La cultura urbana, con toda la influencia foránea tiene mayormente su sustento, en cuanto a idiosincrasia y cosmovisión, en la cultura andina, más aún en Cajamarca que es una ciudad estrechamente vinculada a las costumbres andino-rurales. De otro lado la cultura se transmite de generación en generación y de pueblo en pueblo, por sobre  nuestros deseos o rechazos personales.

Somos hijos de una cultura andina e hispánica, de un mestizaje y simbiosis de un práctico sincretismo cultural, en el que los peruanos  asumimos lo foráneo adecuándolo y ellos, los españoles, también hicieron lo propio; esa es la consecuencia de todo encuentro cultural.

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